En cierta forma es muy sencillo dejarse llevar por la idea de que esto no es más que un dulce sueño. A la izquierda Arthur’s Seat (El Asiento de Arturo) se ve imponente y poderoso, su cima explorada por escaladores que sin duda alguna son testigos de lo que debe ser una vista esplendorosa de la ciudad ante ellos; Old Town y New Town quedan atrás con sus callejones laberínticos y estructuras antiguas bañadas por una cálida y milagrosa luz solar un tanto inusual en esa época del año; adelante, lejano en el horizonte pero discernible gracias a la mañana despejada, el North Sea se mece con calma hipnótica, invitando a residentes y visitantes por igual a lanzarse a la playa para absorber su grandeza de primera mano. Eso es justamente lo que él hace: tras algunos apuntes sobre la belleza de Holyrood Park y su más extraordinaria colina, Richard se monta sobre su bicicleta y continúa liderando un tour espectacular por la capital de Escocia para llegar a la playa de Portobello. Y allí, con el sol y el mar y las risas y la paz infinita, la verdad innegable golpea de lleno: este no es un sueño sino la mejor de las realidades en un paraíso llamado Edimburgo.
Richard Farmer es un profesor de Literatura Inglesa retirado que intercambió su oficina de libros y estudiantes por una compuesta de montañas, océanos y bicicletas. De la mano de su esposa, Leanner Farmer, ambos administran una empresa de turismo llamada A Wee Pedal, ubicada en Edimburgo y en la cual una bici y actitud positiva son todo lo que hace falta para pasar un rato increíble. Eso es exactamente lo que ofrecen en la mañana del 28 de marzo, cuando el clima espectacular toma incluso a los locales por sorpresa. La cálida temperatura es tan extraordinaria como la abierta hospitalidad de Leanne y Richard cuando saludan a los turistas de su recorrido. Basta un par de minutos para advertir que esta experiencia será única, liderada por rostros amigables dispuestos a ofrecer algo memorable.
“Vivimos en Hong Kong durante 12 años y amamos hacer tours en bicicleta en varios países asiáticos”, Leanne me cuenta cuando le pregunto acerca del origen de la idea de montar un tour sobre dos ruedas. “Nos encantó y pensamos que era el modo perfecto de ver diferentes ciudades. Los paseos en bicicleta en familia y mantenerse activos siempre ha sido algo importante para nosotros. Cuando regresamos al Reino Unido queríamos un nuevo desafío”, añade ella. “Yo hacía voluntariados con tres fundaciones de caridad relacionadas con bicis y lo amé tanto que pensé que podría intentar establecer una compañía de turismo en bicicleta en Edimburgo. Y me alegra haberlo hecho, ¡me encanta!”
Con Richard a cargo de los recorridos matutinos, llevando a los visitantes en una aventura de dos ruedas por las tranquilas calles del barrio de Prestonfield, Leanne se despide con una sonrisa y el viaje comienza. Gracias a su pasado como profesor de Literatura, Richard tiene una amplia destreza con las palabras para describir el entorno. Desde las granjas comunitarias en las que los residentes comenzaron a cultivar su propia comida cuando la pandemia golpeó en el 2020, pasando por datos curiosos sobre John Muir, el célebre “Padre de los Parques Nacionales”, hasta la historia del Innocent Railway Tunnel a medida que atravesamos parte de él, los primeros minutos pedaleando son un indicativo del viaje plácido y los fascinantes relatos que aguardan durante las próximas cuatro horas. Pero aunque el destino principal es la playa, una primera gran parada se da cuando Arthur’s Seat surge en el horizonte, sublime y esplendoroso. Adornada con retamo espinoso (o espinillo), una planta común en Escocia, rodeada por campos verdes y rematada por el cielo más azul que se pueda imaginar para completar la visión de esta colina, la asombrosa belleza de Edimburgo es indiscutible.
Al preguntarle qué hace a la ciudad, su disposición ciclística y su propio recorrido algo tan especial, Leanne responde con plena convicción.
“Su historia, su cultura y su amplia red de ciclovías”, explica. “No hace falta usar carreteras si sabes cómo conectar las diferentes ciclovías. Además, existen diversos puntos de interés, es una ciudad pequeña, segura, y si planeas tus rutas con cuidado, puedes evitar las lomas”. Con respecto a sus recorridos resalta “ver los rostros de los visitantes cuando pasan ante castillos del siglo XVII que yo veo a diario; la gente ama la historia de esos puntos y nunca debo darlos por sentado”. Variando entre ocho y veinte millas, los diferentes recorridos de A Wee Pedal proveen una excelente oportunidad para observar fortalezas y antiguas construcciones con profunda conexión a la larga historia de Edimbugo, tales como Rosslyn Chapel o Craigmillar Castle.
Es probable que una pizca de celos invada algunos corazones al pedalear a través del suburbio de Portobello, sus casas exhibiendo antiquísimas fachadas y jardines notablemente preservados que crean un aura de calma total. Cuesta trabajo no fantasear con una vida en tan bello vecindario, especialmente cuando la playa aparece en toda su gloria. Todavía narrando cuentos y leyendas de la capital escocesa, y maniobrando por entre la creciente multitud gozando de paseos costeros matutinos, Richard guía al grupo a un pequeño café para un momento de descanso. Combina la tranquila costa, el cielo soleado, el paisaje inmejorable y un exquisito café helado; añádeles una encantadora charla y obtendrás un momento realmente inolvidable. Porque Richard, más que un ciclista competente o guía experto, es por encima de todo una magnífica compañía para charlas amenas junto al océano. El tiempo se desvanece y el espacio se expande al ritmo de sus anécdotas sobre todos los lugares que ha visitado, su amor manifiesto por ‘Auld Rickie’, como se le conoce a Edimburgo, y su genuina curiosidad acerca de aquellos en el tour y el camino que los llevó a esta experiencia ciclística junto a él.
Volviendo a mi charla con Leanne, estaba intrigado por saber qué es lo ella más disfruta de su compañía turística.
“Conocer personas interesantes, mostrarles partes de Edimburgo que la mayoría de visitantes no tiene chance de observar. Trabajar al aire libre, ayudar a la gente a cumplir sus metas. La mayoría de personas que reserva este tour es gente activa y positiva”, contesta. Y positivismo junto a éxito están ciertamente relacionados a esta empresa porque, tal y como lo reportó el Evening News de Edimburgo en Julio de 2020, “A Wee Pedal recibió el premio New Kid on the Block el 2 de julio de parte de ‘Small Awards’ ”, un reconocimiento otorgado por Small Businesses Britain a compañías emergentes con un modelo efectivo de desarrollo y crecimiento. Con el mundo regresando poco a poco a tiempos similares a aquellos pre-pandemia y su empresa prosperando, Leanne tiene claro qué quisiera a continuación.
“Me encantaría establecer recorridos de varios días que salgan desde Edimburgo, tours de tres días, por ejemplo.”
Como dicen algunos, todo lo bueno llega a un final, así que cuando la pausa y el café se acaban en la playa de Portobello es hora de pedalear de regreso. Un último vistazo a la costa vale la pena por uno o dos minutos para reflexionar sobre la muy fructífera mañana, y luego Richard enseña el camino una vez más mientras Edimburgo se siente más íntima y cercana al corazón. Quién más sino Leanne para recibir al grupo de vuelta, ansiosa por saber cómo marchó todo y confiando en el éxito del recorrido. Quizás algunas piernas estén adoloridas, pero las sonrisas son tan grandes como Arthur’s Seat y las miradas de aquellos involucrados en el tour brillan más fuerte que el sol de esa mañana escocesa porque una vez más queda claro que este no es un sueño sino la mejor de las realidades en un paraíso llamado Edimburgo.

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