Sabes que por delante tienes un día placentero e inolvidable cuando los integrantes del tour que estás tomando de repente se ponen a cantar ‘Sweet Caroline’ mientras un bus los lleva de camino a las paradisiacas Blue Mountains (Montañas Azules) de Australia. Desde británicos a taiwaneses, la chica española, un par de australianos (obviamente), turcos y zimbabuenses presentes también, y este turista colombiano incluido, el grupo conformado para ese sábado de exploración a través de las Blue Mountains es una composición de culturas, historias y experiencias, todos conectados por el entusiasmo y la electricidad de una mañana fría que se antoja prometedora tan pronto como el bus sale por las calles de Sydney bañadas en sol e impregnadas con un aire de absoluta libertad.
Ya desde el comienzo, mientras te acomodas en el vehículo e intercambias saludos y anécdotas con los compañeros de viaje del día, puedes advertir que este no es un tour típico o genérico de esos que tan sólo pretende visitar de paso los lugares de rigor para tacharlos de la lista de pendientes. Trent se asegura de eso cuando se presenta por medio de los parlantes del bus, sus ojos en la carretera y las manos al volante pero sus palabras acerca de la aventura que nos espera flotando y creando grandes expectativas en cada uno de nosotros, aventureros de todo el mundo buscando confirmar si las Blue Mountainsson realmente tan majestuosas como todos suelen decir.
Trent se estableció como operador turístico cinco años atrás con el claro objetivo de ofrecer una experiencia única que incorporara no sólo vistas lejanas sino excursiones inmersivas y caminatas estimulantes en medio de montañas, bosques y senderos que conducen a cataratas espectaculares capaces de dejarte sin aliento. Inclinándose más por personas activas, dinámicas, que estén dispuestas a sudar y ensuciarse los zapatos, Trent admite que su recorrido quizás no sea para cualquiera, pero aquellos que lo toman difícilmente se arrepienten porque cada parada, cada marcha y cada momento del día parece mejor que el anterior.
Incluso mientras conduce, Trent se asegura de que no haya ni un momento aburridor en esta experiencia suya que lo apasiona. Dividiendo al grupo en dos, le da inicio a un juego de preguntas para poner a prueba los conocimientos sobre Australia, desde el dialecto hasta comidas típicas y tradiciones también; los grupos charlan, ríen, intercambian opiniones, las respuestas erróneas o correctas no importando tanto como la diversión que tienes mientras aprendes una que otra cosa de la cultura australiana. El juego acaba para darle paso a la música, y con un grupo mayormente conformado por jóvenes británicos, no sorprende en absoluto que al poco rato de pedir compartir su playlist, los altavoces del bus retumben gracias a ‘Sweet Caroline’, provocando el júbilo de unos quince viajeros ese día que cantan al unísono y a toda voz como sólo en pubs de Londres o Dublín podría ocurrir.
Pero hay magia más allá del autobús, por supuesto; yace en el paisaje de Katoomba, llueve desde las cascadas de Wentworth Falls, emana de la formación rocosa de las Three Sisters que deslumbra con su esplendor y cautiva con su historia milenaria. Sí, cada parada es realmente mejor que la anterior, porque a medida que el día progresa y te sientes más cerca de la atmósfera mística del lugar que te rodea, te embriaga y planta sus raíces en un rincón profundo de ti, enlazándote para siempre a ese punto, ese entorno y ese instante que vives y creas en medio de la naturaleza australiana. Más allá de si vas al tour solo o con alguien, siempre hay una oportunidad para experimentar silencio inmaculado, momentos de total tranquilidad en los que lo único que logras oír es el sonido puro de un bosque, el fluir eterno del agua, tus propios pasos a medida que te internas más y más en el corazón de las Blue Mountains. Pero esas personas con las que viajas también aparecen cuando necesitas poner en palabras la fascinación por lo que estás viviendo, una nueva amistad o un fugaz compañero de aventura a tu lado para compartir la alegría por estar justo allí en medio de un paraíso.
Puesto que Trent en verdad se ocupa de todos los detalles posibles para hacer de la suya una experiencia fenomenal, tan pronto como la excursión acaba él recompensa a los viajeros con un suculento almuerzo compuesto por sándwiches que saben a gloria antes de continuar con las paradas finales del itinerario, una de ellas exclusivamente dispuesta para observar e incluso tal vez acariciar algunas de esas adorables (aunque demasiado ruidosas) cacatúas blancas de magníficas crestas amarillas.
Se supone que es un tour de doce horas y los relojes puede que coincidan con ello, pero en realidad se siente como una experiencia de mayor duración, no por el cansancio sino por las valiosas y especiales ocasiones vividas durante el día. Sobra decir que fui extremadamente afortunado porque, además de los paisajes espectaculares, conté con la suerte de conocer personas extraordinarias que hicieron de mi último sábado en Australia una experiencia memorable que sigue dejando una sonrisa en mi rostro y algo de nostalgia en mi pecho.

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